La piel cuenta lo que la analítica no siempre refleja. Ciertos signos cutáneos —sequedad persistente, cicatrización lenta, palidez sin causa aparente, mayor fragilidad del cabello y las uñas— pueden ser la expresión visible de déficits nutricionales que están por debajo de los umbrales de alarma clínica pero por encima de lo que permite un funcionamiento óptimo. En mujeres de 35 a 55 años, algunos de estos déficits son más frecuentes de lo que se suele reconocer.
Vitamina D y piel: el déficit más extendido y menos hablado
La vitamina D tiene receptores en los queratinocitos y regula su diferenciación y renovación. Niveles insuficientes de vitamina D se asocian con mayor reactividad cutánea, mayor tendencia a condiciones inflamatorias de la piel como la dermatitis atópica y la psoriasis, y una respuesta inmune cutánea reducida. La prevalencia de déficit de vitamina D en Europa es muy alta —algunos estudios estiman que más del 40% de la población tiene niveles insuficientes— especialmente en latitudes medias-altas y en personas con exposición solar limitada.
Zinc: lo que pasa cuando falta (y cómo saberlo)
El déficit subclínico de zinc —niveles por debajo de lo óptimo pero sin síntomas evidentes de deficiencia clínica— puede manifestarse en la piel como mayor reactividad, cicatrización más lenta, sequedad y mayor tendencia a infecciones superficiales. El zinc es un cofactor de múltiples enzimas implicadas en la síntesis de proteínas de la piel y en la regulación de la respuesta inflamatoria. El estrés crónico y las dietas con alto contenido en fitatos (cereales integrales sin remojo) reducen la biodisponibilidad del zinc.
Hierro y tez apagada: una relación directa
La anemia ferropénica —y el déficit de hierro sin anemia— produce palidez, menor luminosidad cutánea y mayor fragilidad del cabello y las uñas. El hierro es cofactor de la prolil-4-hidroxilasa —la enzima que estabiliza el colágeno— junto con la vitamina C. La deficiencia de hierro es más frecuente en mujeres premenopáusicas con menstruaciones abundantes. Es uno de los déficits que merece confirmación analítica antes de suplementar.
Ácidos grasos esenciales y la barrera lipídica
Los ácidos grasos esenciales —omega-3 (EPA y DHA) y omega-6 (ácido linoleico)— son precursores de ceramidas y otros lípidos del estrato córneo. Su déficit se traduce en una barrera cutánea más permeable, mayor TEWL y mayor reactividad. Las dietas con bajo consumo de pescado graso y alta proporción de omega-6 proinflamatorios (aceites vegetales refinados) generan un desequilibrio de la ratio omega-6/omega-3 que se asocia con mayor inflamación sistémica y peor calidad de barrera.
Selenio y defensa antioxidante: por qué el suelo importa
Los niveles de selenio en los alimentos dependen directamente del contenido de selenio en el suelo donde se producen. En muchas regiones de Europa —incluyendo partes de España— los suelos son pobres en selenio, lo que se traduce en una ingesta dietética habitualmente por debajo de la óptima. El selenio es cofactor de la glutatión peroxidasa y otras selenoproteínas antioxidantes, y su déficit aumenta la vulnerabilidad al estrés oxidativo cutáneo.
Cuándo suplementar tiene sentido y cuándo consultar a un profesional
La suplementación con micronutrientes a dosis que cubren las VRN —como hace LEVIAL con zinc, selenio, cobre y vitaminas— tiene un perfil de seguridad muy favorable y puede contribuir a corregir niveles subóptimos en la población general. Sin embargo, déficits más significativos —especialmente de hierro, vitamina D o vitamina B12— requieren confirmación analítica y, en muchos casos, suplementación dirigida con dosis mayores bajo supervisión médica. LEVIAL no es un tratamiento de déficits clínicos: es un soporte nutricional de mantenimiento para quien ya parte de un estado nutricional básicamente correcto.

